El ambiente en la mansión era tenso. Un médico privado, de absoluta confianza de la familia Cavallaro, ya esperaba en una de las salas privadas para realizar la extracción de sangre. Alessia caminaba de un lado a otro, con los nervios a flor de piel. Le dolía el alma tener que someter a su pequeña a esto, pero sabía que no tenía escapatoria.Cuando llegó el momento, Alessia sentó a Daniela en su regazo, abrazándola con fuerza.—Cariño, el doctor solo va a darte un pequeño pinchacito, como la picadura de un mosquito. Tienes que ser muy valiente, ¿sí?Killian observaba desde la esquina de la habitación, con los brazos cruzados y la mandíbula apretada. Sus ojos no se apartaban de la niña. Cuando la aguja penetró la suave piel de Daniela, Alessia cerró los ojos, esperando un llanto desgarrador. Sin embargo, el silencio llenó la sala. Daniela ni siquiera parpadeó; se mantuvo quieta, observando el proceso con una serenidad que helaba la sangre.Killian sintió un vuelco en el pecho. “Es igua
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