capítulo 77: La chisma que encendió la llama. Extendió una mano temblorosa y tocó su hombro. El contacto fue como una chispa en medio de la penumbra. Oliver bajó las manos, mirándola con los ojos anegados en lágrimas, y en ese instante, el abismo de años de resentimiento, culpa, dolor y una atracción oscura y jamás resuelta se evaporó. Oliver la atrajo hacia sí con una desesperación feroz, y Emma no se alejó. Se buscaron los labios en un beso convulso, amargo por las lágrimas, cargado del dolor de las verdades dichas y de una pasión reprimida desde aquella única noche en la mansión años atrás. Era un choque de dos almas heridas que necesitaban refugiarse la una en la otra para no terminar de romperse. Sin decir una sola palabra, guiados por el fuego de una noche que sabían irrepetible, Oliver la cargó en brazos y la llevó hacia la habitación principal. Allí, bajo la tenue luz que entraba por la ventana, se despojaron de las ropas, de los rencores, de los apellidos y de las mentira
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