Capítulo 63: La cuna de cenizas. El murmullo de la ciudad se derramaba sobre el departamento del centro con una lentitud de agua estancada. En la penumbra de la sala, iluminada únicamente por el tenue resplandor dorado que se colaba entre las rendijas de las persianas, Jacob permanecía sentado en el borde del sofá, con los codos apoyados sobre las rodillas y las manos entrelazadas en un candado apretado y doloroso. A su lado, Emma lo observaba en silencio, sin atreverse a romper el frágil cascarón de distanciamiento que parecía envolverlo desde su regreso de la plaza. Había intentado ofrecerle una taza de té, una palabra de consuelo, un roce en el hombro, pero Jacob respondía con asentimientos mecánicos, con la mirada perdida en las sombras del pasillo que conducía a la habitación de Luna. En la mente de Jacob, sin embargo, el presente se había disuelto por completo. La revelación que Oliver le había escupido en la suite ejecutiva del piso cuarenta y dos —esa confesión brutal y des
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