AnaluDurante la mañana no tuve mucho que hacer, así que reorganicé los armarios, hice una lista de las cosas que faltan y calenté un resto de feijoada de frutos del mar que sobró del sábado. No iba a hacer almuerzo solo para mí, ya que Santiago salió y se llevó a Otávio con él.Aproveché el tiempo libre y, como estaba sola en la casa, decidí, digamos, dar una espiada por la casa. Sintiendo ese frío en la barriga de cuando estamos haciendo algo a escondidas, voy hasta la sala a ver los portarretratos, de los que tengo curiosidad desde mi primer día. En una de las fotos él está en su etapa de niño, en otra foto aparece él con una chica muy bonita, tal vez su novia, y al lado de ella hay una sonrisa que jamás le he visto desde que lo conozco. En la otra foto están él y sus padres, pero la foto con la novia me llamó la atención por su sonrisa.Siento una punzada en el pecho al ver que se amargó de esa forma por la pérdida de ella y de sus padres. Debe ser horrible perder a quienes amamos
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