—Lo sé. —Lily se dejó caer contra el respaldo del sofá—. Pero igual es fastidioso. Un hombre tan guapo pensando que soy una mujer fácil.***Mientras tanto, al otro lado de la ciudad, en una zona mucho más lujosa, un auto Mercedes negro entraba por el portón de una finca cuya extensión se desplegaba como un parque en miniatura en medio de la ciudad. El portón de hierro forjado, de tres metros de altura, se abrió automáticamente cuando el sensor reconoció la matrícula del auto de Davin.El camino de entrada, de asfalto liso, estaba flanqueado por hileras de arces cuyas hojas empezaban a cambiar de color. Las luces del jardín, ocultas entre los arbustos, iluminaban el sendero con una cálida luz dorada. Y al final del camino, una mansión de estilo colonial se alzaba majestuosa, su fachada de piedra natural brillando bajo los reflectores colocados en esquinas estratégicas.La residencia de la gran familia Tanjaya.Davin salió del auto sin esperar a que el chófer le abriera la puerta. Sus
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