Las manos de Windy, que estaban enjabonando el cabello de Flora, dejaron de moverse por una fracción de segundo antes de continuar.
—Sí. Mamá lo oyó.
—Papá atrapó a Flora otra vez cuando Flora se iba a caer. —Flora miraba el agua jabonosa de la bañera—. Papá es fuerte. Las manos de Papá son grandes. Pero su agarre es suave.
Windy tragó saliva. Cada palabra que salía de la boca de Flora se sentía como una pequeña aguja clavándose en su pecho. No porque doliera. Sino porque era demasiado preciso.