Sus dientes rechinaron y un dolor agudo le atravesó el pecho, tan profundo que le cortó la respiración. —¡Sev! ¿Estás sordo? —estalló Riva, sacándolo de sus pensamientos. Él se sobresaltó y sus ojos volaron hacia ella. —Cariño, ¿podemos hablar con calma, por favor? —¿Cómo voy a estar calmada si prácticamente babeas por volver con tu ex? ¡Quieres volver con ella, ¿verdad?! —Su voz destilaba acusación. Él se levantó y le dio la espalda. Discutir ahora solo le provocaría una migraña. —Ah, ¿ahora vas a alejarte de mí sin más? Él suspiró, ya a mitad de las escaleras. —Hablaremos cuando te calmes. Se encerró en su habitación y se dejó caer de espaldas en la cama, mirando fijamente el techo. Respiró hondo, despacio, pero no sirvió de nada. Su propia mente lo torturaba, obligándolo a ver el rostro de Grasya una y otra vez. Se incorporó de golpe, con las manos enredadas en el cabello, tirando con fuerza suficiente para que doliera. —Grasya —susurró, y el nombre se quebró en sus labi
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