Capítulo 86. Dime que no me amas.
El sedán negro partía el tráfico de Manhattan, acelerando con una ferocidad que hizo que a Emma se le acelerara el corazón.Se aferró al borde del asiento, sintiendo el corazón latiéndole desenfrenado en la garganta.—¡Eres un maldito demente y, de paso, un arrogante insoportable! —le gritó, clavándole una mirada llena de furia.Nicolás ni siquiera se inmutó. Estaba recostado en su asiento, con tranquilidad.—Si me conoces tan bien, ¿entonces qué te preocupa, Emma? —respondió él, con una calma que la sacaba de sus casillas.—¡Dile a José que baje la velocidad ahora mismo! —exigió ella, sintiendo que el aire le faltaba en ese espacio tan cerrado.—Necesito que lleguemos rápido a nuestro destino. José, no te detengas —ordenó Nicolás, ignorando olímpicamente las protestas de su esposa.El auto dejó atrás el bullicio de la ciudad y comenzó a subir por un camino serpenteante hacia una de las zonas más exclusivas de las colinas.Se detuvieron finalmente frente a una villa impresionante, rod
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