—Te prometo que nunca, escúchame bien, nunca te pasará nada. ¿Está bien? —le juró, con la voz temblorosa pero cargada de una ferocidad maternal—. Y si tomo decisiones en la vida que no te puedo explicar, porque sé que aún no las entenderías, es simplemente porque te amo. Porque mi único propósito es mantenerte a salvo.Luca arrugó el entrecejo, procesando sus palabras con esa mente analítica que tanto se parecía a la del hombre que habían dejado atrás.—¿Entonces qué significa eso, mamá? —preguntó el niño, bajando el tono de voz—. ¿Significa que mis tíos sí son malos y que nos estás protegiendo de ellos?Cassandra cerró los ojos un instante, sintiendo que el mundo se le venía encima.—Solo... dejemos de hablar de tus tíos, ¿está bien, pequeño? —insistió, ya con la voz rota.Intentó abrir los brazos, buscando un refugio en él, anhelando que Luca se recostara en su pecho para abrazarlo y decirle que todo estaría bien. Pero el niño dio un paso atrás. La rechazó. Con el rostro endurecido,
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