SavanaUna vez más, logró tomarme por sorpresa.Pero lo que hizo la situación todavía más difícil fue que Helen, de repente, chocó con fuerza contra mi espalda, haciendo que casi perdiera el equilibrio.Daniel me sostuvo antes de que pudiera caer y, un instante después, percibí el aroma de su colonia. A diferencia de la de Bastian, que era intensa pero extrañamente reconfortante, la fragancia de Daniel era sutil y relajante.—Te llevaré a casa— dijo con una sonrisa.Ya era demasiado tarde.No había forma de evitarlo. Él ya había decidido que me acompañaría hasta mi casa.Cuando miré a Helen, la encontré sonriendo de oreja a oreja, mientras William, de pie a su lado, le daba un ligero codazo en el hombro.Maldita sea, Helen.Sabía perfectamente lo que estaba pensando. Para ella, esta era la oportunidad perfecta para que pasara tiempo con Daniel.—Yo...——¡Sava! ¡Aquí estás! ¡Por fin te encontré!—El grito repentino fue tan fuerte que llamó no solo mi atención, sino también la de todos
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