—A mí también —dijo él, dándose cuenta de la verdad, sabiendo que debería molestarle, pero sin importarle en absoluto—.
—Quizás sea que ahora eres territorio prohibido… —Ladeó la cabeza y lo observó, una especie de seguridad la invadió mientras parecía cambiar de tema—. O quizás sea simplemente que me siento engañada, que me follaste sabiendo perfectamente quién era yo, mientras yo… —Sus palabras se desvanecieron, sus ojos clavados en los de él, absorbiéndolo por completo—.
Hazlo. Sabes que qui