Michelle entró en su silencioso apartamento.Sin embargo, aquella noche, el silencio ya no le parecía frío ni asfixiante. Dejó su bolso y la carpeta marrón sobre la mesa del comedor y, después, se sentó lentamente en el borde de su cama individual.Sus manos se movieron de manera inconsciente hasta posarse sobre su vientre, que aún permanecía completamente plano. Aquel contacto le transmitía un calor indescriptible.—Ahora estamos a salvo, mi amor... —susurró Michelle en voz baja.Una tenue sonrisa, desaparecida durante semanas, volvió por fin a dibujarse en su rostro, que empezaba a recuperar parte de su vitalidad.Conseguir el puesto de secretaria personal de Kael Sebastian era una suerte que jamás habría imaginado. Más aún cuando Kael había aceptado su embarazo sin poner ninguna condición ni mostrar la menor duda.En una ciudad que hasta hacía poco le había parecido cruel y llena de puertas cerradas, finalmente había encontrado una salida.Michelle inhaló profundamente y dejó escap
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