Amara quiso preguntar qué era, pero antes de que pudiera hablar, su visión cambió. Ahora estaba en la selva, pero no en el claro iluminado por la luna. Estaba en la manigua, en medio de una noche oscura y aterradora. El aire estaba cargado de tensión, y los sonidos de criaturas acechantes resonaban a su alrededor. Amara no estaba sola. Frente a ella, vio a Rosaura, joven y fuerte, sosteniéndola en brazos mientras corría desesperada. Amara era solo una niña en esta visión, pero podía sentir el miedo, el dolor y la desesperación que envolvían a ambas.Selene apareció a su lado, observando la escena con una mezcla de tristeza y horror. Aunque era solo una espectadora, su sufrimiento era palpable. La diosa cerró los ojos, pero no podía evitar ver lo que sucedía.La lucha comenzó a desarrollarse frente a ellas. Amara vio a su abuela, una mujer imponente y llena de poder, invocar raíces gigantescas que emergían del suelo, aplastando a las criaturas oscuras que las rodeaban.
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