Los días siguientes estuvieron llenos de preparación. Amara había decidido entrenarse para fortalecerse, consciente de que el peligro que se avecinaba requería que estuviera lista. Alaric, aunque apoyaba su decisión, no podía evitar sentir una mezcla de preocupación y furia solo con imaginarla enfrentándose a cualquier tipo de dolor. Hyperion, el lobo dentro de él, gruñía continuamente, como si su sola presencia bastara para advertir a todos que Amara no debía ser tocada.A pesar de sus instintos, Alaric permitió que uno de sus mejores guerreros, Valerian, un soldado imponente con años de experiencia, fuera asignado para entrenarla. Valerian era respetado entre los suyos, conocido por su dureza y disciplina, y Alaric confiaba en su capacidad. Sin embargo, esa confianza se desmoronó en el instante en que el entrenamiento comenzó.Valerian, siguiendo su metodología estricta, exigió a Amara que realizara un ejercicio de combate básico. Aunque sus intenciones eran buenas,
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