El sol de la tarde se filtraba suavemente a través de las persianas de la suite privada del hospital, proyectando sutiles patrones en el suelo. Ethan Harlow estaba sentado junto a la cama de su madre, observando cómo Elara Harlow bebía un té de hierbas con manos más firmes de lo que las había tenido en meses. La fisioterapia había ido bien esa mañana, y los médicos se mostraban optimistas sobre su continua recuperación. Por primera vez en lo que parecía una eternidad, Ethan se permitió un momento de paz en medio del torbellino de reuniones de la junta, visitas al banco y planificación estratégica.—Has estado muy callado hoy —dijo Elara, dejando su taza. Sus ojos, aunque todavía cansados, conservaban una calidez y una perspicacia familiares—. Todo este nuevo... éxito con Nexus Ventures. Es una gran carga, ¿verdad?Ethan asintió, tomándola de la mano. —Lo es. Pero es real, mamá. La empresa con la que Sophia pensó que me estaba castigando es todo lo que necesitábamos y más. Me he estado
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