Por la tarde, Adrian caminaba por el pasillo del segundo piso en dirección a su despacho. Sus pasos pesados se detuvieron en seco al ver a Martha, la joven sirvienta de la mansión, salir apresuradamente del área del pabellón oeste portando una caja de terciopelo negro sobre una bandeja de plata.Adrian entrecerró los ojos. El diseño de aquella caja de terciopelo resultaba sumamente familiar entre la alta sociedad londinense.—Martha, detente.Martha se sobresaltó, interrumpiendo su marcha de inmediato y haciendo una profunda reverencia mientras su cuerpo temblaba.—S-Señorito Adrian...—¿Qué llevas ahí? —preguntó Adrian, con una voz baja que arrastraba un frío tono inquisitivo.—Es... es un paquete que acaba de ser rechazado por la señorita Penelope, señor —respondió Martha con voz temblorosa, sin atreverse a ocultar nada al jefe de la familia Harrison.Adrian dio un paso al frente y extendió su robusta mano para abrir la tapa de la caja.*Clic.*El destello deslumbrante de un collar
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