ADVERTENCIA: Este capítulo contiene contenido sensible que puede resultar angustiante para lectores jóvenes o vulnerables. Se recomienda discreción.Punto de Vista de Marimar Oquendo—¡D-detente! ¡Por favor! —grité, con la voz desgarrada por un terror puro y paralizante.Me retorcí con fuerza, clavando los talones en su cuerpo para empujarlo, pero era como golpear una pared de piedra. Ni un centímetro. Ni un solo estremecimiento.—Cállate, ¿quieres? —gruñó él, atrapando mis dos muñecas y estrellándolas contra el suelo a ambos lados de mi cabeza, inmovilizándome por completo.Las lágrimas me quemaban los ojos, calientes y cegadoras, pero seguí pateando. Lo escuché gruñir de dolor varias veces, pero eso no lo detuvo. Al contrario, solo afiló su determinación y oscureció aún más el hambre en su mirada.Bajó el rostro, centímetro a centímetro, hasta que quedó suspendido sobre el mío. Lo sentí antes de oírlo: una inhalación lenta y de
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