Punto de vista de LailaLa cara de Sheila se giró hacia un lado, y la mejilla se le enrojeció por el impacto de mi bofetada. Poco a poco, alzó la mano y se tocó con delicadeza la marca roja.Abrió los ojos de par en par por la sorpresa, pero en cuanto pareció comprender lo que acababa de ocurrir, se volvió hacia mí con un brillo de fuego en la profundidad de la mirada. La rabia la consumió; dio un paso agresivo en mi dirección, apretando las manos en puños.En un arranque de torpeza, echó el brazo hacia atrás e intentó golpearme. Se movía despacio, en una clara muestra de que no estaba acostumbrada a pelear. A mí tampoco me agradaban los golpes, pero había pasado más tiempo en el gimnasio que ella.Esquivé su embate, le agarré la muñeca y le retorcí el brazo: no lo suficiente para fracturarlo, solo lo necesario para recuperar el control de la situación. En cuanto empezó a hincar la rodilla, la solté y retrocedió a trompicones. Se irguió de inmediato y me fulminó con la mirada.Podía t
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