Solté un jadeo, y mi cuerpo se quedó helado por el miedo.Bell, aún temblando, me miró con los ojos muy abiertos, aterrorizada, mientras apenas movía los labios y susurraba:—Sofia…Theo no le respondió. Simplemente levantó el arma y la apuntó hacia ella.Grité, corriendo hacia adelante, pero uno de sus hombres me agarró rápidamente del brazo, deteniéndome. No podía moverme, no podía detenerlo. Mi corazón golpeaba con fuerza en el pecho, y lo único que podía hacer era mirar con horror.—¡Por favor, no! —grité, luchando contra el agarre del hombre.La sonrisa de Theo no vaciló mientras miraba a Bell, y con un movimiento rápido, casi casual, apretó el gatillo.El disparo resonó en la habitación, agudo y definitivo.El cuerpo de Bell se sacudió y cayó al suelo, sin vida, con los ojos abiertos en una expresión de puro terror. La sangre se extendió por el suelo, manchando las frías baldosas bajo ella.No podía respirar. Mi pecho se sentía como si se estuviera rompiendo mientras miraba el c
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