La radiación solar de la tarde se filtró a través de los amplios ventanales del penthouse de Clark. En el plano inferior, la urbe proyectaba una apariencia de absoluta serenidad; no obstante, en el interior de las dependencias, la atmósfera se percibía dotada de una notable densidad.Isabella permanecía dispuesta sobre el mullido sofá de diseño, con las extremidades inferiores cruzadas y las manos ejecutando movimientos nerviosos sobre el ribete de su vestido de seda. Sus pupilas oscuras traslucían una marcada agudeza analítica, pero subyacía en sus facciones una sutil vulnerabilidad, una faceta que Clark omitía registrar con regularidad en su interacción cotidiana.Clark sostenía su postura corporal apoyado contra la estructura de la barandilla del balcón, evaluando el encendido paulatino de las luminarias urbanas. Mantenía las extremidades superiores confinadas en los bolsillos de su indumentaria, denotando rigidez en sus facciones. Había ensayado la neutralización del estado anímic
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