La capilla inferior del mausoleo todavía olía a papel quemado y sal marina cuando Helena miró a todos en la habitación y dijo:—Si queremos derribar todo, no llevaremos esto a una sala de sesiones pequeña —apuntó al expediente azul en la mano de Padre Tomás—. Si ellos atacan con titulares, respondemos con emisión nacional.Nadie se opuso de inmediato.Porque todos en la habitación sabían que tenía razón.Ricardo ya había atacado a través de:medios,fideicomiso,revisión de guardianes,voto corporativo,y mentiras de sangre.Si seguían respondiendo en secreto, siempre llegarían tarde.—Puedo llamar a Verónica —dijo Helena—. Un vehículo de transmisión. Una señal nacional. Veinte minutos.Valentina levantó una ceja.—Hablas como si fuera un pedido de café —comentó.—Si pudiera pedir cordura, ya lo habría hecho desde anoche —respondió Helena.Ruiz suspiró.—Me gusta cuando está cansada —dijo.Alejandro estaba de pie cerca de la mesa de piedra, su rostro pálido por la falta de sueño, la i
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