No protesto, me dejo llevar por la pasión que emana de su boca. Su lengua se entrelaza con la mía mientras el agua cae sobre nosotros. Él no cesa de besarme, presionándose contra mí. Su boca es arrasadora, casi me deja sin aliento, hasta que me otorga un breve respiro y, sorprendentemente, me hace dar la vuelta, estrellándome contra la pared.En ese instante, soy consciente de su gran erección, que se desliza entre mis piernas, estremeciendo todo mi cuerpo cuando roza mi centro.―Siempre has dicho que pare; ¿por qué no lo haces ahora? ―pregunta, su voz agitada susurra en mi oído, y luego muerde mi lóbulo, provocando un temblor en mi cuerpo al sentir su lengua.―¿Será porque ya se nos hizo tarde a los dos? ―respondo, también agitada.―No voy a cogerte aquí ―susurra en mi oído―. Si va a ser nuestra primera vez, quiero que lo hagamos en la cama. Pero te advierto que soy algo exigente.Aunque eso me hace abrir los ojos de forma desmesurada, asiento con
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