Alexander se metió la mano en el bolsillo. —Voy a salir a cenar. El rostro de Camila se ensombreció. —Con Renata, supongo. Miró su teléfono. —Será mejor que les dé a los dos su privacidad. Alexander frunció el ceño. —Esta vez voy solo. Camila se sorprendió. —¿Quieres acompañarme? Ella dudó un momento antes de ponerse de pie. —Bueno, tomar un poco de aire estaría bien. Vamos. Caminó delante de él, pero Alexander la tomó del brazo y la detuvo. —¿Qué? Él la examinó de pies a cabeza. —¿Vas a salir así? Camila miró su vestido, sin encontrar nada malo en él. —Sí, está bien. Luego levantó la mirada hacia él. —¿No es así? Alexander negó con la cabeza. —¿Dónde está tu estilo? Le tomó las manos, lo que la sorprendió. —Ven conmigo. La llevó escaleras arriba hasta su habitación y luego hasta aquella otra habitación en la que siempre le había prohibido entrar. Camila siempre había tenido curiosidad por saber qué había allí y por qué se lo había prohibido. Al entrar, sus oj
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