Capítulo 42—Es fuerte... —susurra Dante, y veo cómo sus ojos azules se llenan de lágrimas.—No me toques —le advierto con puro veneno, apretando los dientes.—Cassandra, está naciendo ahora —dice él, mirando hacia abajo.En ese mismo instante, siento un líquido caliente correr entre mis piernas, empapando la tela del sofá y mi ropa interior.—He roto fuente...—Deberíamos llevarte a un lugar más cómodo.—Mi habitación... Arriba, a la derecha. Luego pides una ambulancia y te largas —le exijo con la voz temblorosa pero firme.Dante me lanza una mirada dura, gélida, pero no discute. Me carga nuevamente en sus brazos y sube las escaleras de madera a toda prisa. Entra en mi cuarto y me deposita sobre la cama.Lo veo quitarse la chaqueta mojada y tirarla al suelo. Se acerca a mí, me sube el vestido y me retira las bragas. El pudor sale por la ventana ante la urgencia de la muerte y el dolor.—No puedo, Dante... —lloro contra la almohada, rabiosa por tener que mostrarme débil ante
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