El camino de regreso a la hacienda transcurrió en silencio, pero aquel silencio no era paz. Era un campo minado, cargado de tensión, respiraciones aceleradas y pensamientos peligrosos. Lila todavía sentía los dedos de Taylor en su cintura, firmes, posesivos, ardiendo sobre su piel. Diablo avanzaba tranquilo, pero cada balanceo del caballo hacía que ambos se rozaran más de lo que deberían.Cuando la cerca principal de la hacienda apareció en el horizonte, Taylor murmuró en voz baja, con aquel tono ronco tan cerca de su oído que un escalofrío le recorrió la espalda:—Baja conmigo en el granero.Lila parpadeó, sorprendida, sintiendo cómo el corazón se le aceleraba, pero no tuvo valor para responder. Simplemente tragó saliva y asintió levemente, sintiendo el estómago revolverse entre nerviosismo y deseo.En cuanto cruzaron el patio, Taylor desvió discretamente a Diablo, sin llamar la atención de Catarina ni de Maurício, que continuaron en dirección a la casa. Condujo al caballo hasta un l
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