El beso entre Taylor y Lila había sido intenso, arrebatador, y no había una sola persona en el bar que no lo hubiera visto. Cuando los dos regresaron a la mesa tomados de la mano, fueron recibidos por Catarina, que se levantó y envolvió a su cuñada en un fuerte abrazo.—¡Por fin! —dijo entre risas, con los ojos brillando de satisfacción—. Sabía que ese cowboy no iba a resistirse por mucho tiempo.Lila se sonrojó, pero sonreía, todavía pegada a Taylor. Él, orgulloso, pasó un brazo sobre sus hombros, como si la estuviera presentando oficialmente al mundo. Amanda, en cambio, desvió la mirada, golpeando con irritación el borde de su copa de vino con los dedos. El rubor de su rostro no era de timidez, sino de rabia contenida. Cuando
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