El camino hasta el arroyo serpenteaba por el corazón de la hacienda, estrecho y flanqueado por árboles tan altos que sus ramas casi se encontraban en lo alto, formando un túnel natural de hojas verdes y sombras frescas. La luz del sol de la mañana se filtraba entre las copas, creando destellos dorados que danzaban sobre el sendero de tierra. La suave brisa transportaba el dulce aroma de la vegetación mezclado con el olor terroso de la humedad, y, a lo lejos, el murmullo del agua corriente del arroyo resonaba cada vez con más fuerza, como una silenciosa invitación.Lila, Catarina y Amanda cabalgaban una al lado de la otra, pero no podían estar más distantes en espíritu. Diablo, el semental negro de Taylor, avanzaba con fuerza contenida bajo sus riendas. Con cada paso firme, su crin se balanceaba, y el cuerpo de Lila se mov&i
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