VALENTINA ROSSEn cuanto las puertas del ascensor se cerraron, Domenico me miró y se acercó despacio. Tomó la bolsa de mis manos y la dejó a un lado sobre el sofá, girándose hacia mí.— Preparé la cena. Está en el horno, manteniendo la temperatura...No lo dejé terminar. Apoyé las dos manos en su pecho y lo empujé. Domenico se dejó caer sentado en el sofá, sorprendido por mi actitud. Sin dudarlo, abrí las piernas y subí a su regazo, sentándome sobre sus muslos mientras mi vestido ajustado se subía por mis piernas.— Podemos dejar la cena para más tarde —susurré, rozando mis labios con los suyos antes de capturar su boca.Él respondió al instante, sujetando mi cintura con fuerza. Me toca el rostro, acaricia mis mejillas con los pulgares y luego desliza sus manos calientes por mi cuello. Estiro los dedos y empiezo a desabotonar los botones de su camisa. Sus dedos ágiles bajan por el cierre en la espalda de mi vestido, empujando los tirantes por mis hombros, y la tela se desliza, dejando
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