Xavier volvió para ver cómo estaba Valeria, pero esta vez la encontró en la ducha. Decidió esperarla, se sentó en su cama y su suave aroma lo envolvió, haciendo que alzara la vista.—¿De verdad estás bien, Valeria? —preguntó Xavier de nuevo. La vio apretar los dientes y con el rostro pálido. Valeria decidió dejar de fingir y negó con la cabeza.—Verás, tengo unos cólicos horribles —respondió, agarrándose el vientre con dolor. Xavier comprendió al instante lo que le pasaba.—¿Tomaste algo para el dolor? —preguntó, ayudándola a sentarse. Valeria negó con la cabeza. Xavier pensó en regañarla, pero al ver su expresión de dolor, decidió no hacerlo.—Vale, quédate aquí, vuelvo enseguida —dijo, cubriéndola con la manta. Valeria hizo una mueca de dolor y se agarró el estómago. Normalmente no tiene cólicos menstruales fuertes, pero cuando le dan, es como un torbellino. Menos de quince minutos después, Xavier entró en la habitación con una bandeja en la mano.Dejó la bandeja en la mesita de noc
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