Abrí la boca para responder, con la lengua repentinamente gruesa y torpe, la mentira ensayada ya formada a medias en mis labios. —Nada realmente, mamá. Solo… cosas de arte, ya sabes. Fechas límite y—Mi voz se quebró cuando un rugido repentino de ruido estalló desde fuera de la casa. Gritos superpuestos, el *clic-clic-clic* implacable de obturadores de cámaras como un enjambre de insectos mecánicos, neumáticos rechinando contra la grava del camino de entrada. Golpes agresivos martillearon la puerta principal, agudos e insistentes, haciendo temblar el marco. No era solo una persona. Sonaba como una turba.La sonrisa de mamá se desvaneció al instante, sus cejas se fruncieron en confusión mientras se apartaba del abrazo, con una mano todavía descansando ligeramente sobre mi brazo. —¿Qué demonios está pasando ahí fuera? —Su voz sonó ligera al principio, casi divertida, como si esperara que fueran niños del vecindario haciendo una travesura.Richard se enderezó, su fácil brillo post-lu
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