Después de comer, conocemos la zona exterior: los jardines impecables, la piscina infinita con vistas a la bahía de Miami, la pista de tenis, el estanque con carpas. La casa es un palacio. Y yo soy una prisionera.Y vaya, qué casa...Hasta que llega la tarde, y So vuelve a sus tareas, dejándome sola. Me siento en el sofá del salón y observo la televisión encendida en algún programa de entretenimiento, pero mi mente está lejos. Estoy mapeando cada rincón, cada pasillo, cada puerta, cada ventana. Estoy contando a los guardias, anotando sus rutas, memorizando los horarios.De repente, suena el timbre.¿Quién será? No es Eugene, si no no habría tocado el timbre. Pero debe ser alguien que conoce, ya que los guardias le han dejado pasar la verja.El timbre suena por segunda vez, más insistente. Me levanto lentamente, el corazón acelerado, y voy hasta la puerta. Abro con cautela.Fuera, está un hombre. Es guapo — no de la manera fría y amenazadora de Eugene, sino de una manera suave y acoged
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