PUNTO DE VISTA DE EMBEREstá de pie en la nieve, a unos seis metros de distancia, con el rostro convertido en una máscara de furia apenas contenida.El frío me quema la piel, pero no es nada comparado con el hielo que se extiende por mis venas mientras los ojos de Knox observan la escena: yo saliendo de la casa con Rafael, mi rostro bañado en lágrimas, el pañuelo aún apretado entre mis dedos temblorosos, la forma en que la mano de Rafael se cierne cerca de mi espalda.Por un instante, nadie se mueve. El mundo se reduce a nosotros tres, suspendidos en la pálida luz invernal, y casi puedo oír cómo el hilo que nos une a Knox y a mí se tensa, a punto de romperse.—Ember —la voz de Knox es demasiado tranquila. La calma que precede a la violencia. La calma que me eriza el vello de la nuca—. Aléjate de él.“Knox, por favor…”—Está bien, Volkov —dice Rafael con voz ligera, casi divertida, como si estuviera hablando del tiempo y no en el punto de mira de la furia de un rey licántropo—. La cuid
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