La noche final se sintió como un voto.Nova permanecía en el centro de la gran suite mazmorra vistiendo solo el elegante collar de cuero que ahora se sentía como parte de su alma. Su cuerpo era un hermoso mapa de su reclamo: marcas tenues, mordiscos de amor y el constante y delicioso dolor entre sus piernas. Y, sin embargo, nunca se había sentido tan viva.Seraphina y Raven se le acercaron juntas, ambas vestidas con arneses de cuero negro, con sus cuerpos poderosos y femeninos irradiando dominación y amor.—De rodillas, nuestra hermosa mascota —dijo Seraphina suavemente.Nova se dejó caer con gracia, abriendo bien las rodillas y bajando la mirada en una sumisión perfecta y voluntaria.Raven le sujetó un nuevo collar permanente alrededor del cuello: más grueso, con dos argollas de plata y una placa grabada que decía «Propiedad para siempre de Seraphina y Raven».—Esta noche —murmuró Raven, alzando la barbilla de Nova—, te reclamamos por completo. Se acabó el contrato. Se acabaron los l
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