La luz de la mañana se filtra por las cortinas. Finas líneas doradas caen sobre la habitación del hotel. Parpadeé. Me pesa la cabeza, tengo la boca seca.Entonces la siento a mi lado. Nadia. Su cabello se extiende sobre la almohada, su respiración es suave y pausada.Me incorporo con cuidado, no quiero despertarla, mis pies tocan el suelo frío mientras busco mi teléfono en la mesa.La pantalla se ilumina. Llamadas perdidas. Cinco, todas de Elena.Suspiro. Dejo el teléfono sobre la mesa, me levanto y voy al baño.El agua está fría. Me lavo la cara y me miro en el espejo. Tengo los ojos cansados, parezco un hombre que hizo una promesa que no debería haber hecho.Me seco la cara y me paso los dedos por el pelo.Cuando regreso a la habitación, Nadia está sentada. Se cubre con la sábana."Buenos días", dice."Buenos días", respondo. "Prepárate. Te dejo en el aeropuerto."Me mira un instante y luego asiente.Conducimos en silencio. La ciudad pasa ante las ventanillas.Nadia mira por la vent
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