Varios días después.Alejandra está en medio del bosque con un arco lista para destruir la vida de cualquier pequeña presa.La imagen de un conejo llega a su cabeza.— Malditos desgraciados, fingen ser inocentes pero son bastantes sigilosos.— ¿Cómo? ¿De qué hablas?— Pregunta Lucien sin comprender, quién la estaba acompañando en esa pequeña casa.— Nada— dice ella en medio de susurros— solo siento que los conejos, esas pequeñas criaturas, fingen ser amables, indefensas, pero son ágiles, malvados y muerden bastante fuerte.Una sonrisa sale de Lucien.— Vamos, ¿estás luchando contra un conejo, una criatura salvaje? No creo que sea algo justo.— Lo que no es justo, dice ella, es que tenga que estarlos cazando cuando fácilmente podría ordenar que asesinaran a cada uno de los que existen aquí sin una sola repercusión.— ¿Y qué te impide hacerlo?— Cuestiona Lucien con una ceja levantada.Los pasos de Alejandra parecían dispersarse, parecían no tener una sola dirección.— Simplemente, me gust
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