Greg había sido el jefe de la guardia de la Manada del Norte durante once años.En ese tiempo había presenciado tres intentos de asesinato, dos crisis de sucesión, una guerra fronteriza que duró dieciocho meses y más política interna de la casa de lo que jamás había querido ver en su vida. No era un hombre sutil por naturaleza; estaba hecho para el campo, para el mando, para la claridad concreta de una situación donde la amenaza estaba frente a ti y la respuesta correcta era física e inmediata.La política de la casa no tenía nada de esa claridad.Tenía cortinas, correspondencia y mujeres que se sentaban a tu mesa sin ser invitadas y te hacían sentir que eras tú el que estaba invadiendo.Había estado siguiendo a Katlya a distancia durante tres días.No porque Atlas se lo hubiera pedido. Atlas le había pedido que mantuviera la seguridad general, que técnicamente era lo que estaba haciendo. Pero Greg llevaba once años haciendo sus propias evaluaciones y la evaluación que estaba haciendo
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