Durante toda la jornada de trabajo, el ambiente en el piso de presidencia se sentía denso, todo a causa de aquella mirada fulminante de Austin sobre Harper, una mirada acusatoria. Harper se mostraba sonriente, radiante y bastante ansiosa, cada pocos minutos consultaba el reloj en su muñeca, tarareaba mientras revisaba informes en la pantalla y actuaba de una manera completamente diferente a la habitual.Harper emanaba enormes chispas de alegría que iluminaba todo a su paso, mientras que ella parecía haberse comido un payaso, Austin estaba hecho un demonio consumido por los celos.Austin, desde luego, lo notaba sin el mayor esfuerzo, sentía deseos de reclamarle, de prohibírselo, negarle ir con aquel hombre.Austin no podía disimular su incomodidad, atormentado por una inquietud que le impedía concentrarse. Caminaba de un lugar a otro en el interior de la oficina, movía documentos sobre su escritorio como si no encontrara el informe que supuestamente necesitaba, tecleaba con brusqueda
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