Al salir de la tina, las miradas prolongadas y las sonrisas pasivas se quedaron de un lado, todo era tranquilidad, una paz que los dos apreciaron. Tomaron un par de batas y cubrieron sus cuerpos; con una toalla Harper comenzó a secar el cabello frente al espejo, sus movimientos se detuvieron al observar el reflejo.Allí se encontraba Austin, quien estaba de pie justo al lado de la cama, secándose los brazos con calma y ajustándose la bata. Su figura resaltaba la firmeza de sus músculos y la tranquilidad de sus facciones, le fue inevitable verlo como al hombre responsable de que pudiera confiar en sí misma.Ahí estaba, tan libre de tensiones, tan cerca a ella, así como un día lo consideró imposible de tolerar, ahora lo tenía para ella, suyo, el hombre que había tomado su cuerpo y que no estaba ni en lo más mínimo arrepentida.Todo lo contrario, deseaba con todas sus fuerzas ir nuevamente a sus brazos y dejar que sus deseos más profundos salieran a flote. Harper reconoció en lo más p
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