La cámara más allá del arco era circular, paredes forradas con obsidiana negra que bebía la luz de las antorchas. En el centro había un solo espejo —alto, ornamentado, enmarcado en lo que parecía hueso. Su superficie se arremolinaba con niebla plateada, negándose a mostrar cualquier reflejo.Stephanie se aferraba al brazo de Riley, sus uñas clavándose. “No quiero ir primero. Por favor, Dios, no yo.”Pero el espejo tenía otros planes.La niebla se separó, y las imágenes comenzaron a formarse —no en el espejo mismo, sino en sus mentes. Stephanie jadeó, sus ojos abriéndose mucho mientras la fantasía inundaba su conciencia. Era su secreto más profundo, el que nunca le había contado a nadie: ser completamente dominada. Atada. Usada. Dos hombres a la vez, sus manos por todas partes, sin control, sin elecciones, solo su cuerpo rendido a su placer.“No”, susurró ella, sacudiendo la cabeza. “No, no puedo…”La voz resonó a través de la cámara. “Stephanie. Tu fantasía requiere dos parejas. El es
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