La voz demoníaca se desvaneció, pero sus palabras continuaron resonando dentro de sus cabezas como una maldición que ya había echado raíces.
Durante varios largos segundos la cámara circular permaneció mortalmente silenciosa. Entonces el pánico estalló como una presa rompiéndose.
Tyler fue el primero en perder el control. Se lanzó hacia las puertas selladas otra vez, golpeando sus puños contra el pesado roble. “¡Déjanos salir, hijo de puta enfermo!” rugió, voz quebrándose por el terror crudo. “