—¡Doris! —ahogué un grito, corriendo a su lado. Papá me siguió justo detrás.Doris parecía aterrorizada. Su respiración se había vuelto irregular y el pánico inundaba sus ojos mientras intentaba moverse. Pero no pasó nada. Sus dedos se agitaron débilmente contra la manta, pero el resto de su cuerpo se negó a responder.—¿Por qué…? —Su voz temblaba descontroladamente—. ¿Por qué no puedo mover mi cuerpo?Me senté rápidamente a su lado y le tomé la mano con cuidado.—Oye, oye… tranquilízate —dije con suavidad, aunque mi propia voz también temblaba—. Necesitas descansar, ¿de acuerdo? Todo estará bien.Pero Doris no dejaba de mirarme fijamente, como si pudiera ver el miedo que se escondía detrás de mis palabras. Sus ojos buscaron los míos con desesperación.—¿De qué estaban hablando hace un momento? Los escuché.Papá respondió antes de que yo pudiera hacerlo.—No es nada grave, cielo. Solo necesitas descansar.Doris sacudió la cabeza lentamente. Su voz sonó débil pero firme.—No, ambos me
Ler mais