Punto de vista de ValeriaTodo el salón se había tragado en una oscuridad absoluta. Primero fueron las llamas bailando sobre las paredes, y de repente todo desapareció, dejando el lugar sumido en la confusión.De pronto, alguien gritó y una silla se estrelló con estrépito en algún punto a mi izquierda. Durante un momento aterrador, nadie se movió. Luego, el caos estalló.—¡Protejan a Alfa Esteban!—¡Sellad las salidas!—¡Nadie abandona el salón!Voces diferentes chocaban desde todas las direcciones, pero yo no podía ver nada ni a nadie. Ni a Camila, ni a Alfa Diego, ni siquiera a mi propia mano. Para empeorar las cosas, aquella oscuridad en el salón se sentía antinatural, como si hubiera sido planeada. Mi pulso martilleaba con fuerza dentro de mi pecho.Entonces sentí unos dedos que se cerraban con firmeza alrededor de mi muñeca. Instintivamente me eché hacia atrás, con el corazón a punto de detenerse.—Soy yo, Valeria. Necesitas permanecer cerca de mí —dijo Alfa Diego con voz suave,
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