Capítulo treinta y dosCuando desperté, todo estaba borroso.Sombras se movían por la habitación, las voces sonaban lejanas. Parpadeé lentamente, intentando enfocarme. Mi cabeza se sentía pesada, como si estuviera rellena de algodón. Cuando finalmente abrí bien los ojos, me di cuenta de que estaba en una habitación de hospital. Otra vez.“Gracias a Dios que estás despierta”, dijo una voz familiar, acercándose.Giré la cabeza. David, mi amigo del café, estaba de pie junto a la cama con expresión preocupada.“¿Cuántas horas he estado inconsciente?” pregunté, con la voz ronca.Me miró como si hubiera perdido la cabeza. “Has estado inconsciente durante cuarenta y ocho horas, Lila.”La sangre se me drenó del rostro. “¿Como… dos días?” pregunté, sorprendida.“Sí. El doctor me llamó y me dio la dirección del hospital. Me enteré de lo de tu mamá. Lo siento mucho, Lila.” Se inclinó y me abrazó con gentileza.Fue entonces cuando todo regresó de golpe. El oficial de policía. El pasillo del hospi
Leer más