Aquella noche, la nueva residencia de los Monroe se sentía inusualmente cálida.Se había preparado una rara cena familiar, de esas que casi parecían desconocidas en una casa como aquella.En el comedor, Luis y Michael ya estaban sentados. Amaya iba y venía entre la cocina y la mesa, colocando personalmente cada plato, como si no confiara en que el servicio pudiera encargarse de algo tan importante.Theo estaba sentado junto a Leticia, balanceando sus pequeñas piernas bajo la silla, mientras Santiago ocupaba el asiento frente a ellos, tan sereno como siempre.Amaya miró de reojo a Luis y bajó la voz.—¿Ya te enteraste? Lo de Elena.Luis dejó escapar un leve suspiro.—Ya lo sabe toda la alta sociedad.Amaya se inclinó un poco hacia él, incapaz de contener la curiosidad.—Elena está acabada, ¿verdad?&m
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