En cuanto Su Excelencia habló, tanto el señor Houston como el señor Lincoln estuvieron a punto de desplomarse.El color desapareció de sus rostros.Mientras tanto, Cara y Elisa permanecían inmóviles, rígidas como estatuas, demasiado aterradas para moverse.Después de todo, todo aquel desastre había empezado por su culpa.Al principio, solo habían querido humillar públicamente a Leticia rompiéndole el vestido.¿Quién habría imaginado que la situación terminaría saliéndose tanto de control?A los ojos de ambos patriarcas, la ira de Su Excelencia se debía, con toda probabilidad, a que aquella noche era el banquete de mayoría de edad de Hilary y, aun así, Cara y Elisa habían elegido precisamente ese momento para montar un escándalo.Y en el centro de todo...Estaba Leticia.
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