"Su pene es realmente hermoso, mi señor". Ante sus palabras, el rostro de él se enrojeció aún más."E-Gracias", dijo él tímidamente, aún sin poder mirarla a los ojos."Mi señor, por favor, míreme. Sé que está avergonzado, pero esto es algo que debemos hacer. Míreme, se lo suplico. Es mi único deseo"."Está bien...", mordiéndose el labio, él finalmente sostuvo su mirada.Cuando ella envolvió el tronco de su miembro con una mano y comenzó a lamer la punta, sus ojos se abrieron de golpe y un gemido de sorpresa se le escapó.*‘Oh, diosa mía, qué vergüenza’*, pensó él para sus adentros, lleno de pudor.Delfina no dijo nada más que pudiera avergonzarlo. En su lugar, se concentró en complacerlo con las manos y la boca, moviendo la cabeza de arriba abajo sobre su pene como si no hubiera un mañana.Al principio, él intentó ahogar sus gemidos cubriéndose la boca, pero no pudo resistir mucho tiempo. Al primer gemido ahogado le siguió otro, y luego muchos más."Dios mío, eres increíblemente buena
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