Al ver que el intruso no reaccionaba, el hombre serpiente se hizo crujir los nudillos y el cuello. Acto seguido, en cuestión de un instante, alargó y contorsionó su cuerpo hasta transformarse por completo en serpiente. Sus escamas destellaron bajo la tenue iluminación y abrió las mandíbulas de par en par, dejando al descubierto sus afilados colmillos venenosos. Eira dio un paso atrás para afianzarse con firmeza, listo para hacer frente a cualquier situación que pudiera presentarse.
Slidyno escu