Todos empezaron a correr despavoridos, con el rostro descompuesto por el terror.Alguien tropezó y cayó al suelo, y nadie se detuvo a ayudarlo; incluso hubo quienes pasaron por encima de él sin importarles. Había tanta gente que, aunque todos sentían miedo, apenas podían avanzar. Una vez que alguien caía, resultaba imposible levantarse de nuevo.Mateo no era de los que se escondían: mientras los demás huían del peligro, él corría directo hacia él. Lo hacía por una sola razón: quería proteger a la persona que le importaba.Maisa, por favor, que estés bien, tienes que estar bien…En ese instante, se escucharon tres disparos más. La multitud se dispersó como un enjambre de pájaros asustados, corriendo en todas direcciones. Sin embargo, había tanta gente por todas partes que, hacia donde mirara, seguía rodeado de cuerpos que se empujaban unos a otros. Muchos tropezaban y caían, lo que provocó un caos aún mayor.Moverse entre tanta gente era difícil; había que esquivar empujones y evitar s
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