Vivian respiró hondo, sintiendo el peso del equipo, pero también una ligereza en el alma que no conocía desde hacía años.—Luana, tengo que colgar. Estoy trabajando en una emisora de televisión ahora y las cosas van bien, de verdad. Siento que finalmente encontré mi lugar —dijo, con un brillo genuino en la voz.Luana sonrió del otro lado de la línea, sintiendo el alivio en aquellas palabras.—Me alegro mucho por ti, amiga. ¡Pero ni se te ocurra volver a desaparecer por meses, o iré personalmente a buscarte!Vivian se rió, prometió mantenerse en contacto y dio por terminada la llamada, corriendo para reunirse con su equipo.Mal sabía ella que, mientras intentaba reconstruir su vida bajo el seudónimo de Vivian Mary, el pasado se movía como una sombra implacable.En una oficina fría a kilómetros de allí, Marcelo contemplaba la pantalla de una computadora portátil. Entre los dedos, giraba la memoria USB que Lucca le había entregado: una herramienta de extracción de datos que el pequeño ge
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