Las semanas que siguieron parecieron un sueño.Follamos en todas partes: su oficina, mi escritorio después de horas, la parte trasera de su coche, el baño ejecutivo con mis piernas rodeando su cintura y su mano tapándome la boca. Follando en la escalera de su edificio, con mi vestido subido, su cinturón desabrochado, arriesgándolo todo por minutos y horas de sexo.Pero fue en su casa donde realmente lo conocí.Tenía una habitación. Un cuarto oculto detrás de una pared falsa en su armario. La descubrí en mi quinta visita, cuando me vendó los ojos y me llevó a través de una puerta que no había notado antes.—Confía en mí —susurró.Me quitó la venda y me encontré en un espacio de madera oscura e iluminación suave. Una cama contra una pared. Restricciones colgando del techo. Una colección de implementos sobre un banco de cuero: floggers, paletas, fustas, vibradores, tapones anales, pinzas para pezones.Debería haber tenido miedo, pero en cambio me giré hacia él y dije:—Muéstrame más. Tod
Leer más